El Club Náutico de Los Arroyos o la desidia con el patrimonio público

El concurso público para la explotación del Club Náutico lleva 24 años sin lanzarse mientras una empresa privada hace negocio con un espacio público
24/01/2026

El incendio del pasado 17 de diciembre de 2025 volvió a poner al Club Náutico de Los Arroyos en boca de todos. Las llamas se apagaron en unas horas, pero hay algo que merece la pena reavivar: la historia opaca de un espacio que muchos creían privado, pero que en realidad pertenece —o debería pertenecer— a todos los vecinos.

Aunque sorprenda, el Club Náutico es suelo público. O al menos, lo es sobre el papel. En la práctica, lleva 24 años en un limbo legal que permite que una sociedad privada lo explote y se lucre sin pagar ni un solo euro al Ayuntamiento. Una situación insólita pero que está documentada paso a paso en los archivos municipales y que tantas veces ha denunciado en pleno nuestra portavoz de AEN durante su etapa anterior en el gobierno.

2002, el día en que el Club quedó “a medias”

Exterior del Club antes del incendio

Cuando la urbanización de Los Arroyos fue recepcionada en 2002, el Club Náutico ya funcionaba como negocio privado. Como el suelo era zona verde de cesión obligatoria, el Ayuntamiento debía recibirlo como parte del patrimonio público. Pero había un problema: ¿qué hacer con un negocio en marcha?

La solución quedó recogida en el viciado Anexo 1 del acta de recepción. Allí se establecía que:

  • Se iniciaría un expediente de Concesión Administrativa para regular la explotación del Club.
  • La concesión sería de 75 años
  • Se permitirían obras para adecuarlo a esa futura concesión.
  • Y, a cambio, la empresa concesionaria pagaría un canon y colaboraría con actividades deportivas, culturales y de ocio organizadas por el Ayuntamiento.

Hasta aquí, podría parecer razonable. Pero había un detalle decisivo: la cesión efectiva del Club al Ayuntamiento no se produciría hasta que la concesión estuviera formalizada. Es decir, el Ayuntamiento no sería realmente el dueño hasta que él mismo completara un trámite… que nunca se completó.

24 años de silencio administrativo

Desde 2002 hasta hoy, el Ayuntamiento no ha iniciado el concurso ni adjudicado la concesión. Y mientras tanto, la sociedad que explotaba el Club en aquel momento —Club Náutico Los Arroyos S.L.— ha seguido utilizándolo gratis, sin canon, sin contraprestación y sin límite temporal.

Un regalo perpetuo envuelto en burocracia. Pero la historia se vuelve aún más inquietante cuando se revisa la documentación del expediente y aparecen indicios de que las condiciones del concurso público estarían diseñadas para que solo pudiera ganarlo la misma sociedad que ya lo explotaba.

Un ejemplo palmario lo encontramos cuando se propone incluir en el concurso la condición de que fuera una sociedad con 15 años de experiencia en negocios similares, que si bien finalmente no fue incluida -quizá porque el amaño era muy evidente- si ha quedado registrada la intención. Por otro lado, la sociedad luchaba para que el acuerdo final se basara en otorgar una concesión gratuita de 75 años a cambio de ceder la propiedad, cuando la cesión ya era obligatoria por ley según el Plan Parcial.

El incendio que reabre la trama

El incendio también ha reavivado preguntas que llevan dos décadas sin respuesta. La principal de ellas: ¿Se iniciará por fin el concurso para la concesión prometida en 2002? ¿O se va a seguir permitiendo esta anomalía sine-die?

El Club Náutico de Los Arroyos no es solo un edificio quemado. Es el símbolo de cómo la falta de control público puede convertir un bien común en un privilegio privado. Es la prueba de que los silencios administrativos nos cuestan el patrimonio a todos —si no ver el trato y protección a nuestros caminos públicos o al poblado e Iglesia de Navalquejigo—. Y es, sobre todo, una oportunidad para decidir qué modelo de gestión queremos para nuestros espacios públicos.

Interior del Club después del incendio

Por ello, aprovechando el punto de inflexión que ha planteado este desastre, desde AEN hemos solicitado formalmente que se proceda a redactar los pliegos de condiciones para el prometido concurso, así como que se garantice la igualdad de condiciones en la participación en el mismo.

Creemos firmemente que esta es la única salida posible: la única que garantiza cobertura legal y una continuidad justa para un espacio que, a estas alturas, debería ser plenamente público. No consideraríamos aceptable que se concedan licencias de obra para reparar el Club, ya que el propio Anexo 1 establece que ninguna actuación puede autorizarse hasta que la concesión esté formalizada, algo que sigue sin ocurrir 24 años después. Por ello, confiamos en que nuestra corporación actúe en consecuencia y con la máxima rigurosidad legal que el Club Náutico —y los vecinos— merecen.


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